El balompié barrial es más que patear una pelota, dice Marco Collaguazo, presidente de la Federación de Ligas de Quito. La práctica de este deporte tiene varias significaciones: es actividad física-deportiva, es salud, es organización, cultura, economía popular solidaria, administración, liderazgo, política (no la tradicional), tiempo libre, recreación, es una amplia agenda para analizar.
Galo Yánez, presidente de una las organizaciones deportivas barriales de Quito, UDLI, añade que el fútbol es el referente en el barrio, “deporte rey” que gustan a miles y miles de ciudadanos, su recorrido va desde la esquina de un barrio hasta la cancha, tiene esa sensibilidad para atraer e involucrarse en un espacio para el comentario, el análisis. Es un fenómeno social que está oculto entre la selva de cemento de la gran ciudad.
Varios estudiosos lo asemejan al balompié como la religión, es decir cuando el devoto acude a la iglesia con fe y alegría; el jugador va a la cancha los fines de semana en forma puntual, disciplinado, y tanto otros valores que se pueden enumerar tras este deporte.
Con el permiso del campo religioso, la cancha de tierra tiene estas particularidades, los sábados o domingos, los jugadores acuden para exponer todo su sentimiento y gusto para defender a su club, está acompañado de la familia, los amigos, los vecinos, son parte de este espacio que además permite reflexionar y refrescar ideas a través del ejercicio con el balón, es el lugar donde exponen todo su talento y cualidades deportivas.
El dirigente, es un actor que se construyó en este espacio para organizar, liderar, gestionar, entregar su tiempo y recursos propios, es un voluntario sin interés particular, sino el comunitario, ser solidario, características que permite generar algo intangible, la práctica deportiva organizada.
La actividad deportiva comunitaria, es un bosque de grandes beneficios sociales, que tiene cuestionamientos e incomprensión de la propia comunidad o de la familia, pero que su participación ayuda a esa interacción humana para salir del aislamiento, del anonimato, para ser parte de un gran colectivo que está en acción permanente junto a la comunidad.
La organización de un club, una liga demanda de acciones y participación directa, de aportes económicos para jugar los fines de semana. Cuotas para los uniformes, pago de vocalías, multas, arbitraje, apoyos solidarios, en fin, todo nace de la buena voluntad de quienes aportan para que se cumpla con esta iniciativa.
Además, se genera la economía solidaria con la creación de recursos y servicios a través de esta actividad deportiva masiva. Los bares en los escenarios, la confección de uniformes, las medallas, los trofeos, implementos deportivos, etc. Son parte de un sistema de participación que todo está interrelacionado para beneficiar a muchas familias que están en el entorno de este deporte y de la estructura que se ha creado.
La sana utilización del tiempo libre es otra característica especial que tiene esta actividad deportiva que se genera en los barrios, los jóvenes, los adultos, disponen de su tiempo para jugar, divertirse, exponer sus cualidades deportivas; construyen nuevas amistades, se integran o se asocian para jugar, es el escenario para salir de lo cotidiano y sacar el estrés u olvidarse por un momento de la situaciones que vive a diario en el trabajo, en la oficina, en la casa, etc.
Otra característica son las sesiones semanales en las ligas, forman parte de esta nueva realidad en la cual los dirigentes tienen un juego aparte. Las situaciones de los eventos deportivos, las sanciones, las necesidades de la liga, la problemática de la organización para mejorar la infraestructura, son aspectos que llenan la agenda los directivos semana a semana. Los actores de esta manifestación deportiva aportan con tiempo, economía para la formación de clubes o ligas, es decir que un gran porcentaje de personas activen a un estilo de vida para la recreación de la comunidad.
Por Edison Ramírez T.
2017-04-14 13:29:16