

Detrás de la celebración y los reflectores, queda la huella imborrable de Richard Carapaz, el líder del EF Education-EasyPost, quien volvió a ser el gran agitador de la carrera y concluyó en un valioso cuarto lugar de la clasificación general.
La primera semana: la cautela del cazador.

Desde el arranque de la competencia, la «Locomotora del Carchi» dejó en claro que no venía a pasear. En las etapas iniciales de media montaña, supo mantenerse al acecho en el grupo de los favoritos sin gastar energías innecesarias. Escaló posiciones de forma sostenida mientras sus principales rivales medían fuerzas en los primeros finales en alto.
La alta montaña: el terreno de la locura y el ataque
A medida que la ruta se empinaba en la segunda y tercera semana, el carchense desplegó su sello distintivo: un ciclismo de ataque, instintivo y sin calculadora.
Estrategia combativa: Ante la fortaleza de sus rivales directos en la lucha por el podio, Carapaz apostó por ofensivas lejanas, rompiendo el ritmo del pelotón en los puertos de primera categoría.
Resistencia física: Soportó las jornadas de calor extremo y las llegadas exigentes, manteniéndose firme en el top 5 de la clasificación general a lo largo de las fases decisivas.
La tramo final y el balance en Madrid
En las últimas jornadas de montaña previa a la llegada a la capital, Carapaz buscó con insistencia el salto hacia los puestos de podio. A pesar de los ataques constantes y de rozar los primeros tres lugares, la diferencia de tiempos en las etapas de contrarreloj y los cierres explosivos terminaron consolidando su cuarta casilla en la general.
El ciclista ecuatoriano completa así otra actuación destacada en una Gran Vuelta, reafirmando su estatus entre la élite mundial del ciclismo de ruta y consolidándose como el referente indiscutible del deporte latinoamericano.
Balance del planteamiento
Fortaleza: La capacidad de generar caos táctico y desgastarse en favor del espectáculo, consolidándolo como el ciclista más animador de la alta montaña.
Limitación: El elevado gasto energético de sus ataques lejanos dejó sus fuerzas al límite en las rampas más duras de los puertos finales, impidiéndole remontar los minutos necesarios para ingresar al podio.
A pesar de no alcanzar el top 3 por un margen estrecho, la propuesta táctica de Carapaz reafirmó su estatus como uno de los pocos corredores capaces de romper la monotonía del ciclismo moderno regulado por potenciómetros.