

No se jugaba la final de la Libertadores, una clasificatoria al Mundial o la última fecha del campeonato que decidía al nuevo regente del fútbol ecuatoriano. No había un estadio repleto de hinchas, conocidos y desconocidos, que coreaban su nombre en cada pase o en cada toque del balón. El tercer lugar, ese era el premio al finalizar los 90 minutos, pero en ese momento, en esa lucha de once contra once, no había espacio para bajar los brazos, y él, el ‘mago’, lo sabía.
Franklin Salas, su nombre evoca los recuerdos más gloriosos de una hinchada que vio a su equipo descender tres veces a lo largo de su historia. Fue bautizado como el ‘mago’, un hombre que desaparecía el balón y lo materializaba en el lugar preciso, en el instante exacto para sorprender al rival o asistir a sus compañeros. Marcó 91 goles y asistió en 52 ocasiones, fue un referente y un maestro. Y ese maestro se destapó en el duelo por el bronce de la liga barrial El Condado.
Tal como el ‘mago’ señala «jugamos tantos años al profesional, yo creo que para los exjugadores siempre la técnica, la visión, la experiencia te queda. Obviamente, luego el tema de la fuerza, la velocidad, la potencia, eso ya se va mermando. Pero bueno, nosotros con lo que tenemos, con lo que nos alcanza, nos defendemos, tratamos de ayudarles a los chicos a veces a tomar mejores decisiones, que para eso nosotros estamos acá adentro, para eso hemos estado tantos años en el fútbol».
En cada disputa del balón, en cada pique de un rival o pelota parada, siempre la voz de Franklin se elevaba por encima de las demás. No con arrogancia o con ínfulas de señalar que él fue un profesional algún día, que él jugó en los mejores estadios de Sudamérica y el mundo, para el ‘mago’, sus atronadores gritos eran la guía para sus compañeros, el apoyo que físicamente no podía aportarles, pero que anímicamente lo compensaba con creces.
Para Franklin Salas, no hay partido que no sea importante y así lo reconoce «yo siempre he dicho que se juegue un tercer lugar o se juegue un amistoso, ahí adentro hay que dejar todo, hay que disfrutarlo. Porque luego, ¿qué hacemos? Estamos en la casa acostados, viendo una tele, una película y nada más. Entonces, tenemos dos horas acá en la cancha y tenemos que dejarlo todo para disfrutarlo. Así que uno tiene que dar el ejemplo en eso, uno tiene que mostrar que estar dentro de una cancha es lo más lindo que hay. Y después los chicos, a veces por ser jóvenes, no se dan cuenta, pero cuando pase el tiempo, después van a extrañar mucho eso».
En el segundo tiempo, su equipo va ganado 3 a 0, pero él no se relaja, insiste a sus compañeros para que den más, corre para ganar una pelota perdida en el dominio de nadie, acelera el ritmo y calma los ánimos, no juega por un tercer lugar, en su mente está por levantar el trofeo más importante de su carrera, y eso es lo que ven los demás, eso es lo que importa al final.
Cuando le preguntamos qué extrañaba de su tiempo como jugador profesional él dijo «al profesional no es que se le extrañe. Por suerte lo disfruté al máximo. Todos los años que pude estar, los viví. Salí muchas veces campeón, pude representar a mi selección del Ecuador, pude jugar en el extranjero. Así yo creo que en lo que pude hacerlo, lo hice. Así que no, no se extraña mucho eso».
El árbitro baja el telón del partido, Brasil, el conjunto de Franklin Salas, se lleva la medalla de bronce. Todos son felicitaciones para un jugador que, a sus 44 años, sigue disfrutando el fútbol como ese niño que jugaba en la liga barrial de Cangagua, antes de ir a las formativas de Liga de Quito.
«Al final, acá, lo real es que uno viene a disfrutar, aunque siempre se quiera salir triunfador, lo importante es siempre darlo todo y disfrutar» culmina el ‘mago’ al hablar del fútbol barrial, aquel que lo vio nacer como deportista y continúa llenándolo de alegría. Jugará el torneo “Campeón de Campeones” de la Federación de Ligas de Quito.