

El 30 de agosto, en el estadio de la Federación de Ligas Barriales de Quito (FLQ), se disputó la gran final del torneo MicroFútbol-Master. Aunque el público no llenó las gradas de la tribuna, la presencia de las hinchadas de Medellín-Liga Las Casas y Real Madrid-La Floresta retumbó con fuerza en el estadio, contagiando de emoción cada jugada. El Medellín logró el título al vencer 4-3.
Desde el inicio, ambos equipos demostraron que no estaban dispuestos a dar su brazo a torcer. Real Madrid apostó por su jugador estrella Raúl Espinoza, apodado “El Gato”, quien no falló a la confianza depositada: al minuto 13 abrió el marcador, desatando la euforia de la hinchada, puesto que fue el primer gol del partido. Pero la alegría duró poco, pues apenas tres minutos después, Ramiro Iza empató el encuentro y devolvió la ilusión a Medellín.
La intensidad no bajó en el transcurso del partido. Al minuto 24, Jorge Clavijo sorprendió con un balón directo a la red que puso nuevamente en ventaja al Real Madrid 2-1. Con esto, el árbitro dio el pitazo que cerró el primer tiempo cargado de emociones, expectativas y nervios en todos.
En la segunda parte, Medellín salió decidido a cambiar el marcador. Apenas iniciado el juego, al minuto cinco, otra vez Iza apareció por segunda ocasión para igualar el marcador. Y como si fuera poco, al minuto catorce marcó su tercer gol dejando el resultado 3-2. Sin embargo, la respuesta del equipo contrario fue inmediata: al minuto 15, Jaime Huera anotó el 3-3 que dejó a los equipos empatados nuevamente. Esto devolvía la tensión.
A pesar de los desacuerdos de Medellín con el árbitro en decisiones que para ellos eran consideradas injustas y que incluso en dos ocasiones los llevó a afirmar que el juez favorecía al Real Madrid porque estaba “comprado” no los hizo darse por vencidos para cumplir su objetivo; al contrario, les ayudaron a impulsarse y demostrar que pese a las tarjetas amarillas obtenidas, siguieron al pie del cañón luchando por cambiar ese marcador.
La expectativa en las tribunas era total. Cada grito, cada aliento, cada mirada estaba puesta en ese gol que definiría el desenlace final. Los jugadores depositaron todo su esfuerzo en la cancha, atentos a no cometer una equivocación que diera ventaja al otro equipo, y luchaban por cada balón como si fuera el último. Fue entonces cuando, al minuto 22, Omar De Jesús, el eterno, marcó el gol definitivo que puso a Medellín 4-3.
El pitazo final desató la fiesta en la cancha y en las gradas. Medellín-Liga Las Casas, tras su esfuerzo, obtuvo su recompensa, llevando así una final inolvidable, de esas que quedarán grabadas en la memoria de cada una de las personas que fueron partícipes de este evento.
Elaborado por Macarena Mencias