La hinchada de Sociedad Deportiva Aucas tuvo que esperar 77 años para ser parte de un momento histórico del club. Las calles del estadio Gonzalo Pozo Ripalda se llenaron de miles de ilusiones oro y grana. La vieja guardia y las nuevas generaciones se unieron para ver a su equipo levantar el trofeo del campeonato ecuatoriano de fútbol por primera vez. Al grito de “Dale A”, los jugadores salieron motivados a cerrar una campaña memorable. La familia Puruncajas se sumó al festejo. 
Un camino muy labrado
El equipo oriental arrancó la temporada bajo la conducción del estratega argentino-venezolano, Héctor Bidoglio. Este se mostró optimista con los jugadores que se incorporaron al cuadro capitalino, entre ellos, Ricardo Adé, Francisco Fydriszewski y Roberto Ordóñez. Un triple empate consecutivo en el tramo inicial del campeonato puso en tela de duda su trabajo. La gota que derramó el vaso fue la goleada 4-0 que le propinó Guayaquil City. El 17 de abril, Aucas comunicó la salida de su entrenador.
La dirección técnica pasó a manos del estratega venezolano, César Farías, el 25 de abril, a falta de cinco fechas por disputarse para el cierre de la primera etapa. Aucas cerró la etapa ganando 4 de los 5 partidos. Esto le brindó confianza a la afición, no solo por las victorias, sino por el estilo de juego que impuso el equipo en cada encuentro. A raíz de esto, las aspiraciones estaban elevadas de cara a la segunda etapa.
El cuadro oriental se hizo con tres nuevos nombres: Luis Cangá, Pedro Pablo Perlaza y el arquero Hernán Galíndez. Este último sería fundamental bajo los tres palos.
La familia Puruncajas, ferviente seguidora del Aucas, agradece la gestión realizada por la dirigencia, ya que la contratación del director técnico, César Farías trajo mucha ilusión a miles de hinchas que esperaban realizar una temporada diferente a las anteriores. La familia sabía que los resultados iban a llegar tarde o temprano producto del buen trabajo técnico-administrativo que se hallaba detrás. Todos han estado presentes en las alegrías y las tristezas del equipo.
El inicio de la segunda ronda no podía comenzar de la mejor manera: tres victorias y dos empates en las cinco primeras fechas. Una de aquellas victorias fue ante Independiente del Valle de local. Los orientales le dieron una “manito” en casa. Sin embargo, un trago amargo hizo tambalear a los de Farías. El 4 de agosto, Aucas firmó su primera derrota contra 9 de Octubre por la Copa Ecuador, dejándolos fuera de esta competición.
La derrota no aplacó su estado de éxtasis, al contrario, les sirvió para aprender y hacerse fuertes hasta el término de la etapa. La victoria de visitante ante U. Católica, el empate de local ante Emelec y la victoria de visitante ante Barcelona SC, fueron algunos de los resultados que le valieron para llegar con la ilusión intacta a la jornada final. Un empate era suficiente para obtener un cupo en la final contra Barcelona SC, ganador de la primera etapa. Aquel día, Aucas no solo ganó, sino que goleó en casa a Gualaceo por tres goles.
El “Ídolo del Pueblo” consiguió su mejor racha histórica en la competencia doméstica, ganando 9 partidos y empató en 6 ocasiones de los 15 encuentros disputados en la segunda vuelta. De esta manera, después de 77 años, Aucas logró ser finalista del fútbol ecuatoriano y clasificar por primera ocasión a la Copa Libertadores. Sin embargo, faltaba jugar los dos partidos más importantes de su historia ante el equipo guayaquileño. El futuro le depararía algo especial al Aucas.
Barcelona SC estaba preparado para recibir en su casa la final de ida. El encuentro fue vibrante de principio a fin, con un Barcelona que quería hacer valer su condición de local y un Aucas que esperaba salir con un empate. El “Ídolo del Pueblo” se llevó algo más que eso. Un gol en la segunda mitad por parte de Edison Vega, permitió a los orientales soñar con el trofeo. El Gonzalo Pozo Ripalda albergó un partido más con mucha presión, puesto que los locales salieron dispuestos a defender el resultado. Esto lo supo muy bien Hernán Galíndez, quien le atajó un penal a Damián Díaz. El empate les sirvió para hacerse finalmente con el campeonato local.
La familia Puruncajas no podía creer lo que estaba viviendo. El solo hecho de ver al Aucas en una final era algo inolvidable. Ganar la llave y proclamarse campeones, era una utopía. Nadia Poveda, la más joven de la familia, representa la pasión de la hinchada de la última generación, quien llora al acordarse de su padre y de aquellos que no pueden estar presentes en un momento histórico. “Todos los equipos tienen mucha hinchada, pero hinchada como la nuestra es diferente, porque hay gente que viene hasta en silla de ruedas a apoyar al equipo y eso conmueve. Por eso, más que un sentimiento, es una familia”.
César Farías, la clave del éxito
El técnico venezolano asumió las riendas de un Aucas que no tenía ninguna idea clara en su juego y que navegaba por la zona media de la tabla de clasificación. Debido a su historial como DT, nadie dudaba de la capacidad que tenía para manejar una plantilla. El tiempo terminó consolidándolo en el banquillo, logrando recuperar la ilusión en los jugadores y en la hinchada, algo que parecía imposible que pueda suceder observando la pésima dinámica que rodeaba al equipo.
Si hay que destacar algo que hizo el entrenador para revertir la situación del club fue la recuperación de algunas figuras que tenían sus ánimos por los suelos. Uno de ellos fue Roberto Ordóñez. La “Tuka” fue separado del equipo en la era de Héctor Bidoglio. El DT decidió no contar con el jugador, por lo que fue cedido. En su regreso al Aucas, se encontró con un entrenador “más inteligente” que el antecesor, como lo dijo en una entrevista.
En el campo, el técnico fortaleció la defensa y el ataque del equipo. El equilibrio en estas dos líneas era fundamental para conseguir buenos resultados de manera inmediata, ya que, con Bidoglio, Aucas recibía la misma cantidad de goles que los que anotaba. Para superar esto, Farías incorporó a su staff técnico a médicos especializados que presten atención continua a los jugadores y también a un analista de datos que valore la capacidad del equipo.
Enrique Lisintuña, comerciante de camisetas e hincha enérgico del Aucas, espera vender todas las playeras cada semana. Algunas jornadas se lo puede encontrar por el estadio Rodrigo Paz Delgado o en el Atahualpa. En esta ocasión, decidió instalarse en los exteriores del Gonzalo Pozo Ripalda. El negocio lleva poco más de 10 años. Sin embargo, en su vida jamás esperó presenciar algo similar, ya que, para él, aquella final era diferente a cualquier otra, sobre todo por la hinchada que es muy especial.
Por Andrés Alvarez
