

El Atlético Estudiantil se enfrentó al Brasil de Nambija en un duelo que mantuvo a los aficionados al borde de sus asientos y llenó de euforia cada rincón del estadio. La jornada final se jugó en el estadio de la liga cantonal de Rumiñahui.
Desde el pitazo inicial, la tensión se palpaba en el aire. El Atlético tomó la delantera cuando un penal fue señalado tras una falta del portero, Julio Hidalgo. Con el corazón latiendo al ritmo del público, Ronal Caravali tomó el balón y, con una ejecución impecable, lo convirtió en gol. ¡El estadio estalló en júbilo! Pero la alegría fue efímera, ya que Brasil, con su espíritu combativo, respondió rápidamente. David Palacios, con un golpe certero, empató y desató la locura entre sus seguidores.
El Atlético no se amedrentó. Gustavo Soba, en una jugada brillante, volvió a poner a su equipo en ventaja, pero la adrenalina seguía fluyendo. Andrés Guaña, con una sangre fría digna de un campeón, anotó un penal que hizo vibrar las gradas. Con un 2-1 a favor, El Atlético parecía tener el control, pero Brasil, fiel a su estilo guerrero, luchó hasta el último suspiro y volvió a empatar con otro gol de Palacios. La tensión se disparó; el público contenía la respiración.
Sin embargo, no solo la acción en el campo generó emociones. En las gradas, los hinchas de ambos equipos se dejaron llevar por la pasión, lo que desembocó en enfrentamientos verbales y físicos que interrumpieron el partido en varias ocasiones.
La situación se tornó tensa, y la Policía Nacional tuvo que intervenir para calmar los ánimos y garantizar la seguridad de todos los presentes, recordando que el fútbol es una celebración, no un campo de batalla.
El encuentro se fue a penales, y el ambiente se tornó electrizante. Cada tiro desde el punto penal era un suspiro colectivo; cada gol, una explosión de alegría.
Finalmente, el Atlético Estudiantil, con un temple impresionante, se coronó bicampeón al marcar 4 goles frente a 3 de Brasil. Sin embargo, debido al caos generado durante el partido y las tensiones en las gradas, la premiación no se llevó a cabo de manera pública. En su lugar, se realizó una ceremonia interna, lejos de las miradas del público, para evitar más incidentes y asegurar un ambiente controlado.
A pesar de esto, los jugadores celebraron con sus allegados y la afición en sus corazones, marcando un logro que quedará grabado en la historia del club.